Cómo proteger la estructura de tu nave ante el fuego

Cuando pensamos en la seguridad contra incendios, a todos nos vienen a la cabeza los detectores de humo, los rociadores de agua o los extintores colgados en la pared. Eso es lo que llamamos «protección activa», diseñada para apagar la llama

Más allá del extintor: La importancia de la Protección Pasiva

Pero, ¿qué ocurre si el fuego se descontrola? ¿Qué impide que el techo se desplome sobre los equipos de emergencia o las mercancías? Ahí es donde entramos nosotros con la Protección Pasiva.

En Rogilcar entendemos la protección pasiva como el «chaleco antibalas» de tu edificio. No sirve para apagar el fuego, sino para ganar tiempo. Su misión es garantizar que la estructura (vigas, pilares, soportes) mantenga su capacidad de carga durante el tiempo necesario para evacuar a las personas y permitir que los bomberos trabajen sin riesgo de colapso. Es la seguridad invisible que salva vidas y protege tu inversión cuando todo lo demás falla.

Pinturas inteligentes y morteros

Para lograr este blindaje, no utilizamos materiales convencionales. Trabajamos con tecnología química avanzada. La estrella de nuestras aplicaciones es la pintura intumescente. A simple vista, parece una pintura industrial normal, pero cuando la temperatura sube drásticamente, esta pintura reacciona químicamente: se hincha y se carboniza, creando una espuma aislante (como un «merengue» protector) que multiplica su volumen y aísla el acero del calor extremo.

Para zonas que no requieren un acabado estético fino, como falsos techos o estructuras ocultas, aplicamos mortero de lana de roca. Es una solución robusta y económica que proyectamos directamente sobre el metal o el hormigón. También instalamos paneles rígidos de silicato o pladur ignífugo para sectorizar zonas y evitar que el fuego salte de una habitación a otra. Cada nave es un mundo y nosotros elegimos la «armadura» perfecta para la tuya.

Descifrando la normativa: ¿Qué es el EF-30, EF-60 o EF-180?

Si tienes una nave industrial o un local comercial, seguro que has oído hablar de la «Estabilidad al Fuego» (EF) o «Resistencia al Fuego» (R). La normativa en España (el CTE y el RSCIEI) es muy estricta y te exigirá un número concreto de minutos que tu estructura debe resistir en pie. Ese número depende de la altura del edificio, los metros cuadrados y, sobre todo, de la actividad que realices dentro (riesgo bajo, medio o alto).

En Rogilcar no improvisamos. Calculamos el espesor exacto de material (las micras de pintura o los centímetros de mortero) necesarios para garantizar desde 30 minutos (EF-30) hasta 180 minutos (EF-180) de resistencia. No se trata de echar pintura «a ojo», sino de aplicar ingeniería y cálculo para cumplir estrictamente con lo que exige la ley para tu tipo de negocio, evitando sobrecostes innecesarios por exceso de material.

Sin papeles no hay licencia

De nada sirve tener la nave mejor protegida si no puedes demostrarlo ante la administración o tu compañía de seguros. La protección contra el fuego es uno de los puntos más críticos a la hora de obtener la licencia de apertura o pasar una inspección técnica. Un trabajo mal documentado puede paralizar tu actividad.

Por eso, nuestro trabajo no termina cuando se seca la pintura. Al finalizar la obra, en Rogilcar emitimos los correspondientes Certificados de Aplicación e Idoneidad visados. Estos documentos certifican qué material se ha usado, qué espesor se ha aplicado y qué resistencia al fuego se ha conseguido. Es tu garantía legal de que el trabajo está bien hecho y de que tu nave cumple con todas las normativas vigentes.

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